¡QUÉ MONONO!

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Dos jóvenes creativas recuperaron el crochet, convirtiéndolo en una colección de dulces adornos que bautizaron Qué Monono.

Alejandra Leguizamón y Belén Miranda se conocieron durante el curso de ingreso a la facultad. Alejandra abandonaba la creación abstracta publicitaria para dedicarse al diseño industrial, mientras que Belén se decidía por la licenciatura en paisajismo. “Ale llegó un día con un Power Point impecable. No hizo falta decir nada, el proyecto me encantó y la idea de afrontarlo juntas aún más”, cuenta Belén.

Es que, en busca de una nueva salida laboral que le permitiera combinar la vida de madre con la de estudiante, Alejandra pergeñó un pequeño proyecto: “Cuando comencé a trabajar con piezas tangibles, se me ocurrió agregar valor a esos objetos de uso cotidiano sumándoles crochet. Siempre creí que este tejido tan noble podía transformarse en lo que uno quisiera, dejando de lado los típicos mantelitos crudos”.

Así, los clásicos tejidos de la abuela se encontraron con una mirada dirigida hacia un público joven que buscara decorar su primer hogar con texturas, color, calidez, partiendo de una producción simple, moderna y accesible.

Las mononas se dieron a conocer a través de Facebook en febrero del 2011 y el éxito fue inmediato: las ventas se duplicaban mes a mes. “Por ahora, no está en nuestros planes un local a la calle, se encarecerían innecesariamente los productos”, añade Belén -Bel para las amigas-, tras comentar que abrieron una Tienda online para facilitar la difusión y venta de sus creaciones.

Tazas, macetas, pavas y teteras cubiertas con coloridos diseños tejidos forman parte de la rica colección que tienta a cientos de consumidores desde la pantalla de cualquier computadora. “Lo que más nos entusiasma del proceso creativo es recibir imágenes de cómo quedaron nuestras ‘monadas’ en las casas de los clientes. Es increíble. También adoramos ir viendo las repercusiones de los productos a medida que salen al mercado”, suman a coro las dos, revelando que los mates causan furor.

Colmadas de orgullo, las chicas revelan además que muchas de sus tejedoras son mujeres jubiladas. “Tienen una admirable ambición por seguir dentro del mercado laboral pero es realmente difícil conseguir empleo a esa edad. Nos alegra que, casi por casualidad, se haya generado un espacio para ellas a la par del crecimiento de nuestra empresa”, explica Belén, concluyendo que nadie podría tejer mejor que una abuela.

Las chicas también cuentan con un proyecto paralelo: el blog de ideas. “La página completa nuestro trabajo. Incluye propuestas nuevas, secciones verdes que alientan el reciclaje y algunos consejos para el hogar. Pero para nosotras, lo fundamental es difundir la existencia de otros blogs de jóvenes con ideas nuevas, emprendedores entusiastas que, en su mayoría carecen de apoyo financiero”, comenta Alejandra, dejando entrever sus ideales.

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Qué monono trae aires vintage a un presenta al que, sin dudas, le hace falta mucho color. Son dos jóvenes que no paran de crecer, con ideales bien claros, en búsqueda de superación constante. Fervientes creyentes de que la vida puede vivirse como uno lo desea, promueven un combo de esfuerzo, perseverancia e ingenio como cimiento de un futuro en el que, aseguran, cada uno es su propio arquitecto.

La colección de monadas puede verse en Qué Monono o en la Tienda Nube y la dirección del blog es: http://ideasmononas.blogspot.com.ar/

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